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0alguien camina sobre tu tumba | Editorial El Cuervo

alguien camina sobre tu tumba

sinopsis

No importa a dónde viaje, Mariana Enríquez visita el cementerio. Cada ciudad, una necrópolis. Con los años se ha convertido en catadora de cementerios: pasea, guiada por la curiosidad y la intuición, hasta extraviarse entre nichos y lápidas, observando la vida que se agita silenciosa entre los difuntos. En las crónicas de este libro, ni fúnebre ni solemne, esta flâneur gótica comparte su mirada y su memoria de los cementerios de Lima, Génova, Frankfurt, Guadalajara, París y otros. Y por supuesto los que quiere catar antes de morir.

índice

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La muerte y la doncella

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Malacara

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Los perros negros

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Acá nadie se muere

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El Barón en la torre

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Un Dominicano sin cabeza

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Un bar en Broome

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Verde gótico

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Ciudades de los muertos

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Estatuas de sal

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La tumba del Rey

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Rosas de cristal

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Piedras sobre piedra

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Un hueso de los inocentes

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El Ángel de Salamone

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La niña ausente

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La aparición de Marta Angélica

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Epílogo

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

crónicas

páginas

ISBN:978-99974-994-7-9

Mariana enriquez

(Buenos Aires, 1973)

Es licenciada en Periodismo y Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata y trabaja en Radar, el suplemento de arte y cultura del diario Página/12. Colabora con revistas como La mujer de mi vida y El guardián. Publicó dos novelas, Bajar es lo peor (Espasa Calpe, 1995) y Cómo desaparecer completamente (Emecé, 2004) y un libro de cuentos  Los peligros de fumar en la cama (Emecé, 2009). Algunos de sus relatos se encuentran publicados en las antologías La joven guardia (2006), Una terraza propia (2006), En celo (2007) y Los días que vivimos en peligro (Emecé, 2009). También ha publicado Chicos que vuelven (2011) una reescritura en forma de novela de uno de los cuentos de Los peligros de fumar en la cama. Varios cuentos suyos se han traducido al inglés para publicaciones como McSweeney’s y Asymptote. Su nueva colección Las cosas que perdimos en el fuego marca una nueva época de éxito con lectores y críticos de todo el mundo, galardonada con el Premio Ciutat de Barcelona y traducida a más de 20 lenguas.

Mariana

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TRES CITAS IMPUNTUALES: TIEMPO, POESÍA Y FALTA

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