diario 

sinopsis

Este libro me fue entregado – en su versión inédita – en una ciudad cuyo esqueleto está hecho con anillos que harían las delicias de Tolkien. Pasé días y noches leyendo el libro de arriba para abajo, de costado, en diferentes situaciones y estados de ánimo. Su lectura me impregnó como lo suele hacer el whisky, ese querido psicólogo rubio que viene a salvarme en los malos momentos. Sin embargo, las noticias que traía el libro no eran buenas, más bien el libro habla de una anatomía de la soledad, soledad de los protagonistas, tristeza de las parejas que deambulan tratando de seguir con su vida aunque la distopía las oprime y condensa. Ya no hay fiestas en ningún lado, salvo en el lenguaje de estos relatos que se pueden leer como novela, como poesía en versos largos y continuos o como simples raccontos de sueños. En su deambular, los personajes dan cuenta de la muerte de abuelos, hermanos, ideales y hasta de Roberto Bolaño. Para mí no quedan dudas, la literatura boliviana se aleja del costumbrismo y está haciendo literatura a secas: un nuevo mundo mestizo que ya tiene grandes cantores, como el mítico Jaime Sáenz o los jóvenes Edmundo Paz Soldán y Rodrigo Hasbún. Maximiliano Barrientos – el autor de este libro que me tuvo en vela – es un maestro de las imágenes profundas, de los intersticios donde se cruzan los destinos, esos pequeños motores invisibles que hacen que el mundo narre. FABIAN CASAS

índice

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Años luz

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Hermanos

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Necesidades

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Diario

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Desplazamientos

Años luz

El kilometraje se acumula en el velocímetro, ve borroso. Los ojos húmedos arden. Hay polvo. Es un día nublado. Esteban conduce la vieja Toyota azul con la que su padre viajó por Bolivia. Todas las cosas que no funcionaron con Verónica. Acelera. Bebe un trago de cerveza. Se aleja de la ciudad.

Antes de salir, escribió una carta rabiosa y la mandó a su e-mail. Era su cumpleaños, la imaginó con un vestido largo y escotado sacando fotos a todos los invitados. Bailando muy despacio. Riendo. Susurrándole palabras a su esposo. Imaginó partes de Verónica, sus manos y su boca y los dedos de sus pies emergiendo por los huecos de las sandalias: una mujer que acababa de cumplir treinta años.

En la carta remarcó los breves y frágiles momentos de compañía. La vida parecida a un paréntesis, a unas fugaces vacaciones —todas las relaciones, no importan su duración, son paréntesis, vacaciones. Años que no se hablaban y Esteban escribe esta carta, había bebido y entonces creyó que era una buena idea. Ahora ya no.

Irá a Samaipata por unos días. No tomará apuntes. Se emborrachará.

La vida de Verónica es una película antigua y complicada, una película en la que él fue un extra, un afortunado extra.

Todos somos un poco las mujeres que se fueron, piensa sin sentirse particularmente desdichado, con las manos firmes sobre el volante.

Se aleja.

Canta canciones y le dice puta y le dice te echo de menos y le dice sobreviví y no lo cree del todo.

Los autos que quedan atrás desaparecen.

Es una ruta accidentada, con curvas difíciles y zonas de derrumbe. Es una carretera estrecha. No hay ningún auto aparte del suyo. Hombres murieron en este camino. Familias enteras cayeron. Piensa en los muertos, por un momento cree que lo están viendo. No tiene nada que decirles.

cuentos

páginas

ISBN:978-99954-749-0-4

maximiliano barrientos

(Santa Cruz)

Publicó los libros de cuentos Diario (2009), Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer (2011) y Una casa en llamas (2015), y las novelas Hoteles (2011) –traducida al portugués–, La desaparición del paisaje (2015) y En el cuerpo una voz (2017), que también se editará en Almadía (México) y en Eterna Cadencia (Cono Sur y España).

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