elefante 

sinopsis

La desolación de algunos de estos cientos me hace acordar de aquella película extraordinaria de Peter Boadanovich, “The Last Picure Show”: gente joven muy perdida en un lugar de espacios demasiados abiertos que está lejos de todo, en un país muy grande en el que las cosas y las vidas sólo parecen existir plenamente en la remota capital. El minimalismo de la escritura no es esa disculpa para la frialdad emocional que uno encuentra tantas veces, y que ya cansa. Los golpes de comicidad impasible revelan un fondo de ternura, la compasión hacia las vidas atentamente observadas e imaginadas que no son menos dignas de respeto por residir en lo trivial. ANTONIO MUÑOZ MOLINA.

índice

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Historia del ave fénix

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Cuento de navidad

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El pelo de la vírgen

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Las aventuras de la señora Ema

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El perro azul

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Asiático

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Las casas en la otra orilla

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Doscientos veintidós patitos

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Muerte de beba

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El tío vidente

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El hombre de los gatos

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Elefantes

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00

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Fulgor

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Sorteo

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Flores nuevas

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El pedigrí de los canarios

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Nota del autor

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

cuentos

páginas

ISBN:978-99954-864-2-6

Falco es, por varios cuerpos, uno de los mejores escritores argentinos de la actualidad.

MAXIMILIANO TOMAS. DIARIO PERFIL

Federico Falco recorre el borde entre lo que se llama “normalidad” y lo que se define como enajenación. Un problema interesante para la literatura porque lleva a pensar cómo narrar aquello que escapa de la norma sin el rebusque de lo tenebroso; es decir: cómo narrar lo excepcional sin recursos excepcionales. Falco inventa peripecias imaginativas, originales, incluso inverosímiles. Con otra escritura, sus relatos podrían ser incorporados a lo que suele llamar género fantástico. También podría decirse que son “fantásticos”, pero que no están escritos según las reglas de ese género. Entonces, ¿qué son? Relatos en sordina de lo siniestro o lo inesperado, de lo impensable o, por lo menos, de lo infrecuente.

BEATRIZ SARLO. DIARIO PERFIL.

A diferencia de lo que se suele decir, los cuentos de Federico Falco no nos coloca frente a una pequeña grieta un una supuesta pared de normalidad: nos dejan varados en una isla y rodeados por un barranco hirviente de pequeños monstruos familiares, una especie de museo teratológico en el que se agitan alternadamente la ternura y la rabia.

FLAVIO LO PRESTI. REVISTA Ñ

federico falco

(Gral. Cabrera. Argentina. 1977)

Ha publicado los libros de cuentos 222 patitos, 00 y La hora de los monos. También la plaqueta de poemas Aeropuertos, aviones, el libro Made in Chhina y la novela breve Cielos de Córdoba. En 2010, la revista Granta lo eligió para integrar su número dedicado a los mejores narradores en lengua española menores de 35 años.

Federico

CATÁLOGO 

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TRES CITAS IMPUNTUALES: TIEMPO, POESÍA Y FALTA

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