cuaderno de sombra

sinopsis

 

La poesía de Julio Barriga descubre y conquista un perdido reino: el lenguaje aniquilado por la revelación. Las calles de la ciudad son las paredes de su celda. Sin fasto y sin cascabeles entona los madrigales del proscrito. La sustancia del devenir encendida como una antorcha. Los méritos de una poesía se miden por el suelo hollado, donde el lenguaje es un puñal para fracturar la existencia. Así, pues, tenemos que agradecer al azar este despliegue de una visión amarga que se refocila en el interior de ese espantajo que habla y sufre y sueña y muere, que es el ser humano.

índice

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Yo sólo creo en la soledad...

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Me encanta fracasar...

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Suicidas incompletos...

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Micropoemas en un micro mundo...

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Prueba de amor u ordalía inconclusa

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Luego de vivir cinco meses en La Paz

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Los dones de la tierra..

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Quién es este llockalla prematuramente envejecido...

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La multitud te ha tatuado ángeles en la piel

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50 de marzo, ésas son fechas...

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Seres que, cuando las visito me invade la irrealidad...

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Vivir prendido a las palabras...

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Hoy en mi sueño te perdí...

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Déjenme esta forma de estar...

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Yo no quiero más horizontes que tu piel

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Hijos de la casualidad

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Bajo el sol de la loma

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Uno que no se compadece...

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Dios mío, ayúdame a que el asco...

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Desde esta sobriedad me he propuesto llamarte...

En el principio y antes

Así persigo, ciego, acuciando, mi neblinoso origen a través de los no más claros linajes de mis padres: él, venido a menos por línea de administradores de haciendas arrebatadas por los próceres a los aborígenes y regidas a horca y carabina, incluido derecho de pernada y fortunas en especies de la tierra idas por el agua en un decirlo, volatilizadas sin mayor residuo que una hidalguía altiva y estrecha, más defecto que virtud, más olvidada que aprendida, cuando los dineros de bancos europeos habidos en petaca chaqueña pasan a ser papel de limpiarse el traste por decreto de la revolución que también disgregó las haciendas, eliminó la necesidad de una casta de administradores y proclamó el derecho del indio a subir a las veredas de la historia nacional.

Y mi madre, venida a más desde el edénico anonimato de mezclas vitales de los valles; desde pobreza feliz por inocente y dignidad humilde. (Paréntesis para mi abuelo: parecido a un gnomo en la traza y los flagrantes ojos verdes, carpintero y magnífico holgazán, dotado de una feroz repulsa por lo convencional, dormía, comía y trabajaba a horas insólitas pues a él nadie iba a decirle cuándo hacer sus cosas).

Y un aparte para mi abuela materna, matriarca devorada por nostalgias arcaicas, criadora de una enorme prole desparramada en miles de kilómetros y las variopintas provincias de dos países.

Confluirían mis progenitores a donde sus destinos americanos quisieran llevarlos desde los senderos invisibles de sus regiones distintas y distantes munidos de temperamentos contrapuestos y sensibilidades antípodas y sus extraños apellidos anatómicos, risa del prójimo —certificados por las autoridades del ramo en flamantes títulos de maestros consagrados por un magro sueldo al insensato apostolado de propagar la fe absurdamente positivista que perderían luego y la civilización que apenas conocían de oídas por los andurriales de una patria ignota donde no siempre se hablaba en cristiano.

Poemas

páginas

ISBN:

Julio barriga

( San Lucas, Chuquisaca 1956 )

Ha publicado El fuego está cortado (1992, reeditado en 2013 con la adenda Luciérnaga sangrante), Aforismos desaforados I (1994), Aforismos desaforados II (2002), Versos perversos (2004), Cuaderno de sombra (2008) y el volumen de prosas biográficas El hombre que amaba a Amy Winehouse. Vive en Tarija.

 

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TRES CITAS IMPUNTUALES: TIEMPO, POESÍA Y FALTA

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