iluminación

sinopsis

“El viejo me había enseñado que, además de la capacidad de rastreo, la cualidad más importante de un verdadero cazador era el sigilo, poder desplazarse en silencio, encontrar a la presa desprevenida, hacer de la sorpresa un sinónimo de muerte”, dice uno de los personajes de Iluminación. En esa breve filosofía de la caza, Sebastián Antezana cifra también su política narrativa, el modo en que va cercando al lector, no sólo con el lenguaje-trampa, sino fundamentalmente a partir del radical desplazamiento afectivo de los personajes. Un hombre que sufre una llaga que jamás cierra, un “bicho” cuya identidad de animal es tan informe como un trauma infantil, el porno como una sincera, acaso la más sincera, expresión de amor y un primer amor como una estela de hedor y mugre, las voces inteligentes de animales de escritores que, fieles a su naturaleza de “ánimas”, cuentan otra biografía de sus amos, quizás la verdadera, esa donde la civilización por fin se hace polvo y niebla. Todo ese temblor está aquí, en este libro hermoso y carnal como una herida fresca, en estos siete cuentos que advienen fulminantes sobre nuestras conciencias y nos recuerdan o confirman el gran escritor que es Sebastián Antezana.

índice

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Proteo, cazador

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Viejos que miran porno

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My very own página en blanco

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Si contarlo está en tu poder

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La mujer del jinete

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Ante la ley

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Animales de escritores norteamericanos

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Nota

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

cuentos

páginas

ISBN:978-99974-994-0-0

“Es difícil no quedarse sin aliento ante esta obra mayor de la literatura boliviana. En cada página, escrita con un incuestionable dominio de la lengua, con un armazón coherente e impecable, nos enfrentamos a nuestros más fuertes demonios interiores, a la indescifrable naturaleza última de los humanos, aquella que está siempre acechando debajo de la superficie […] Iluminación no tiene un párrafo demás. Dice lo que tiene que decir y nos abruma.”

Carlos D. Mesa Gisbert

“Con elegancia y destreza, Sebastián Antezana recorre en sus cuentos un abanico de geografías, sensibilidades y tonos. En esa trayectoria que atraviesa por igual lo visceral y lo diáfano, la alegoría política y el desmoronamiento íntimo, sus hallazgos se van multiplicando página tras página, y en el momento menos pensado una imagen, una frase o un gesto dotan de sentido o resquebrajan todo lo que tienen alrededor. Iluminación es un libro intrigante, impredecible, valiente”.

Rodrigo Hasbún

“La poesía de estos cuentos no está solo en la edificación minuciosa de su lenguaje, en el entretejido de las palabras; sino en las construcciones o reinvenciones de grandes imaginarios como el amor, la vejez, la revolución o lo animal”.

Paola Senseve

“Los nuevos cuentos de Antezana (un par de ellos, sublimes, de antología) son crueles y destructivos, morbosos e hipnóticos, asustan y perturban, estremecen”.

 Ricado Bajo

“Siete cuentos que advierten fulminantes sobre nuestras conciencias y nos recuerdan o confirman el gran escritor que es Sebastián Antezana”

 Giovanna Rivero 

sebastián antezana

(México. Bolivia, 1982)

Ha participado en varias antologías nacionales e internacionales. Es autor de las novelas La toma del manuscrito (Alfaguara, 2008 – Plural, 2016) y El amor según (El Cuervo, 2011 – Sudaquia, 2014). Con La toma del manuscrito ganó el X Premio Nacional de Novela de Bolivia. Es candidato doctoral de Estudios Romance en la Universidad de Cornell, Estados Unidos.

Sebastián

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