en libertad

charlas con aquel que está aquí

sinopsis

Libertario, actor y director teatral, linyera, educador mediante el arte, trotamundos, linotipista, iconoclasta, asesor del movimiento minero: Liber Forti fue muchos hombres. Sobre todo fue un espíritu libre y fuerte que vivió sin ataduras, sin transar nunca con el poder y siempre entregado a los demás. Alguien que entendía el anarquismo como la forma más radical de la solidaridad. En las páginas de En libertad de Gisela Derpic asistimos a un dialogo íntimo y generoso, tramado a partir de la complicidad del amor, en el que Liber recuerda el recorrido de su largo y heroico camino. El detallado relato de una vida –ejemplar por su intensidad y consecuencia– que nos permite revisitar varios acontecimientos trascendentales en la historia nacional y mundial del agitado siglo XX y conocer a un incansable luchador por la libertad.

índice

^

PRÓLOGO

^

PRESENTACIÓN. LIBER, LIBERTARIO Y SOLIDARIO

^

LUZ VERDE

^

CÁNTICO A TI MISMO

^

PRIMERA PARTE ENTRANDO AL LABERINTO VITAL

^

SEGUNDA PARTE TEATRO

^

TERCERA PARTE ANARCO SINDICALISMO

^

CUARTA PARTE EN LAS AGUAS TURBULENTAS DE LA POLÍTICA

^

QUINTA PARTE LIBERTAD

^

FOTOGRAFÍAS EN LIBERTAD

^

BIBLIOGRAFÍA

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

partes

páginas

ISBN:978-99974-833-2-4

GISELA DERPIC SALAZAR

Potosina titulada en Derecho y posgraduada en Pedagogía, Creatividad y Derecho Constitucional. Ejerció la docencia uni- versitaria de pre y posgrado desde 1988 hasta 2012, desempeñándose además como Secretaria General (1988-1992) y Decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma “Tomás Frías” (1999 – 2003), Directora Departamental de Acción Cultural “Loyola” (1993 – 1997) y Prefecta del Departamento de Potosí (2003 – 2005). Es autora de los trabajos académicos: “El Derecho boliviano en una perspectiva de liberación” (1987), “El perfil profesional y el desarrollo de las habilidades profesionales de la abogacía” (1997), “Plan curricular de la Facultad de Derecho de la UATF (2000); “La efectividad de los derechos civiles de los estudiantes de secundaria y universitarios en el contexto educativo de la ciudad de Potosí” (2003); “Configuraciones sociopolíticas del departamento de Potosí” (2007); de textos docentes en Sociología General y Jurídica (2011) y Metodología de la Investigación (1999, 2009); de Tejiendo el tiempo (2006), biografía familiar novelada y 590 días de travesía prefectural (2011), una presentación de sus experiencias en la fugaz incursión en la función pública.

Gisela

CATÁLOGO 

COLECCIÓN ENSAYO

PRÓXIMO LIBRO

TRES CITAS IMPUNTUALES: TIEMPO, POESÍA Y FALTA

RECIBE NOTICIAS CUERVAS