los afectos

sinopsis

Los afectos aborda la paulatina desintegración de los Ertl, una peculiar familia de aventureros que, tras la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, decidió exiliarse en Bolivia. Es en esas tierras extrañas donde el cabeza de familia, Hans Ertl, pretende alcanzar el gran sueño de Paitití, la ciudad perdida de los incas que se oculta en algún lugar inhóspito de la selva amazónica. Ni su mujer ni sus tres hijas saldrán indemnes de las inalcanzables quimeras y las ausencias de este padre explorador, pero será Monika, la mayor y la más aventurera, la única que acabe heredando su carácter inconformista para lanzarse, con los años y en aras de sus convicciones, a un objetivo mucho más temerario. Con el trasfondo movedizo de los cincuenta y los sesenta, y en una Latinoamérica radicalizada, Rodrigo Hasbún mezcla la biografía, la ficción y los hechos históricos para asomarse, con una prosa pulida y exenta de artificios, a los vínculos y los afectos de esta familia inusual. Esta novela, trepidante y llena de belleza, pone de manifiesto lo lejos y lo cerca que se puede estar de aquellos a los que se está unido por unos apellidos y unos cuantos recuerdos. Mientras fuera del entorno familiar se desarrollan las sucesivas aventuras, arqueológicas, ideológicas y políticas, en la intimidad se libran otro tipo de batallas decisivas.

índice

^

Paitití

^

Navidad

^

Reinhard

^

La gran destrucción

^

Monika y los otros

^

En el jardín

^

Los muertos

^

Reinhard

^

Nuestros amores

^

Dolorosa

^

Monika a solas

^

Cigarrillos

^

A lo lejos

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

partes

páginas

ISBN:978-99974-920-0-5

"Rodrigo Hasbún: recuerden este nombre."

 Edmundo Paz Soldán

"Leer a Rodrigo Hasbún es un ajuste de sentidos: acostumbrar los ojos a la oscuridad de sus profundidades, deleitarse con los chispazos del lenguaje en ellas; entrenar al oído para respetar murmullos y aplaudir estridencias. Para seguir leyendo, siempre."

 María José Navia, Ojo Seco

"No es un buen escritor. Es uno de los grandes."

 Jonathan Safran Foer

rodrigo hasbún

(Cochabamba, 1981)

Ha publicado los libros de cuentos Cinco, Los días más felices y Cuatro, un volumen de relatos escogidos titulado Nueve, y las novelas El lugar del cuerpo y Los afectos. Le concedieron el Premio Unión Latina a la Novísima Narrativa Breve Hispanoamericana y fue parte de Bogotá 39, así como de la selección de Los mejores narradores jóvenes en español elaborada por la revista Granta. Dos de sus textos fueron llevados al cine y su obra ha sido traducida a doce idiomas.

Rodrigo

CATÁLOGO 

COLECCIÓN ENSAYO

PRÓXIMO LIBRO

TRES CITAS IMPUNTUALES: TIEMPO, POESÍA Y FALTA

RECIBE NOTICIAS CUERVAS