nuestro mundo muerto

sinopsis

 

El ojo sin párpados flota vigilando los pescados de una joven; desde el más allá un niño manda un mensaje a sus compañeros de curso; en una misión a Marte una mujer observa el retorno de visiones pasadas; una ola de suicidios sacude una universidad Norteamericana, mientras Rosa Damiana atraviesa el desierto en busca de un yatiri. En los cuentos de Nuestro mundo muerto se mezclan, con arrojo y destreza, tradiciones muy antiguas con otras muy modernas, paisajes rurales con paisajes extraterrestres, ciencia ficcion con relato fantástico. Percepciones y mundos sobrenaturales, distorsionados, nuevos.

índice

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El ojo

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Alfredito

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La ola

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Meteorito

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Caníbal

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Chaco

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Nuestro mundo muerto

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Cuento con pájaro

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Nota

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

cuentos

páginas

ISBN:978-99974-384-4-7

La escritura de Colanzi es brillante, intuitiva pero a la vez precisa, nada gratuita. Sensorial y enigmática. En ella hay constantes presagios, el aroma de un destino maldito. Las palabras encierran un sentido invisible, no han de usarse nunca con improvisación ni inconsciencia… Su madurez y su talento son envidiables. El tiempo confirmará lo que para mí es hoy una seguridad sin rendijas”.

Sara Mesa

Busquen los libros de Liliana Colanzi, léanla. Bolivia tiene una joya, la mejor literatura que leí en mucho tiempo, fresca, bella, violenta, realmente una gloria.

Julián López

"Una escritura que parece poseída por una extraña vibración, originada del mestizaje excepcional entre lo fantástico, el realismo y la ciencia ficción. La escritora boliviana, con una precisión encomiable, logra disolver los géneros en esa mezcla que le permite explorar las tensiones entre la idiosincrasia indígena y la vida moderna, presuntamente racional, y urbana".

Silvina Friera, Página 12

"El libro de Colanzi nos dice: ¿Qué tal si en vez de mirar a otro lado, de curarnos en salud, de medicarnos y de adormecernos, hacemos caso a ese lenguaje que nos habla desde los sueños, desde las premoniciones, desde las canciones, desde el pasado, desde nuestro mundo muerto?"

Alba Balderrama, La Ramona

Liliana Colanzi

(Santa Cruz, )

Es autora del libro de cuentos Vacaciones permanentes (El Cuervo, 2010) y Nuestro mundo muerto (El Cuervo, 2016), que ha sido traducido al inglés, italiano, francés y holandés. En el 2015 ganó el premio de literatura Aura Estrada (México). Fue seleccionada entre los 39 escritores latinoamericanos más representivos menores de 40 años por el Hay Festival, Bogotá39. Ha colaborado en medios como Letras Libres, Granta, Gatopardo, El País y Orsai. Es editora y profesora de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell, Estados Unidos.

Li Colanzi

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