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0ocio | Editorial El Cuervo

ocio

sinopsis

Cuando era joven descubrí el jazz. Solíamos hablar con un amigo sobre algunos músicos que nos interesaban. El caso de Miles Davis era emblemático porque no era el más virtuoso de los trompetistas, ni el más rápido, pero tenía un sonido único, y eso lo hacia insuperable. Me pasa algo parecido con Fabián Casas. Su escritura puede repetir los mismo temas una y otra vez, pero siempre encuentro una voz, una visión del mundo. Casas es nuestro Miles Davis. Frente a los malabares, al experimentalismo vacuo de buena parte de la literatura latinoamericana contemporánea, la honestidad de Casas conmueva y consuela. Ahí, en esas historias sencillas y despojadas, hay toda una poética de la resistencia. 

índice

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

parte

páginas

ISBN:978-99954-821-5-2

Casas habla de sí mismo, no hay casi más que recuerdo, quejas y recriminaciones. Pero el lector no puede parar: pide más y más martirio.

Guillermo Piro

En serio: si Fabián Casas fuera una banda de rock, sería probablemente, un power trio experimental, con un sonido fresco y crudo.

Matías Moscardi

“Ser un héroe” no alude aquí a grandes hazañas sino a una experiencia que deviene en historia (…) Al leer Ocio se hace inevitablemente el recuerdo de Tuca (1990) y El salmón (1995), esos poemas breves, medidos, casi siempre exactos (…) Y la atmósfera del relato tiene el sello de la poesía: una composición donde se asocian percepciones intensas (su forma es la comparación), explosiones de humor y reflexiones teñidas de melancolía.

Osvaldo Aguirre

fabián casas

Nació en el barrio de Boedo en 1965. Publicó en los sellos Libros de Tierra Firme, Vox y Mansalva los libros de poesía Tuca (1990), El Salmón (1996), Oda (2003) y El spleen de Boedo (2004), todos reeditados por Emecé en 2010 como obra completa bajo el título de Horla City, que agotó la edición de 3000 ejemplares en dos meses.

Con la editorial Santiago Arcos publicó este año Breves apuntes de autoayuda y en narrativa la novela breve Ocio (2000, este año traducido al alemán por Timo Berger) y el libro de relatos Los Lemmings y otros. En 2007 publicó en Emecé Ensayos Bonsái y ese mismo año ganó en Alemania el premio Anna Seghers por, En palabras del jurado, “Poseer una lírica extraordinaria y ser su obra un fuente de inspiración para los autores de América Latina”.

Ocio, la película basada en la novela, dirigida por Alejandro Lingenti y Juan Villegas, fue presentada en el reciente Festival de Berlín con excelentes críticas. Los Lemmings y otros también ha sido recientemente publicado por la prestigiosa editorial española Alpha Decay.

Fabián

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