los supremos

sinopsis

Tome usted a reconocidos superhéroes de la historieta estadounidense y deles la vuelta. Fabrique, mientras juega con los que ya conoce, novedosos defensores encapuchados y localícelos en el Caribe azucarero, en las antiguas tierras descritas en las Sagradas Escrituras o en un pequeño café de clase media (tan solo para hacer más arriesgada esta inolvidable compilación llena de testosterona). O, en su defecto, olvídese de todo lo anterior y goce solamente de los mitos que ha aprendido a querer en las viñetas de los cómics. Porque son ellos –los mitos– los que nos empujaron a parodiar y a rendir un homenaje a la grandeza de la capa y las mallas ceñidas al cuerpo en esta inusual y súper heroica antología hispánica.

índice

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Descentrando al superhéroe: apropiación y parodia de un mito transnacional, Prólogo / Salvador Luis

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I. Evoluciona o muere

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II. Los agentes del caos y los agentes del balance

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III. ¿Qué sucedió con los cruzados enmascarados?

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IV. Érase una vez en los multiversos

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V. ¿Puede un solo hombre cambiar el mundo?

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VI. Yo soy el todopoderoso

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VII. Revelaciones

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VIII. En el día más brillante, en la noche más oscura

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IX. To be continued...

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Acerca de los supremos

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

partes

páginas

ISBN:978-99954-864-5-7

salvador luis

Es narrador, editor y crítico cultural. Se licenció en dirección de cine y literatura y tiene un doctorado en estudios culturales iberoamericanos. Entre 2001 y 2011 dirigió la revista Los noveles y actualmente es director de Specimens (www.specimens-mag.com). Ha publicado Miscelánea o el libro geminiano (2006), Rock duro y metal pesado (2006) y las nouvelles Zeppelin (2009) y Prontuario de los pies y de los zapatos (2012). Como editor ha preparado antologías  de cuentos como El arca (2007), Asamblea portátil. Muestrario de narradores iberoamericanos (2009), La Banda de los Corazones sucios. Antología del cuento villano (2010). La condición pornográfica. Ficciones iberoamericanas de contenido pernicioso (2011), Malos elementos. Relatos sobre la corrupción social (2012) y Los supremos Superhéroes y cómics en el relato hispanoamericano contemporáneo (2013). Cuentos de su autoría han sido incluidos en compilaciones publicadas en México, España, Cuba, Guatemala y Perú. También es autor de artículos académicos y coordinador del volumen de ensayos Salón de anomalías. Diez lecturas críticas acerca de la obra de Mario Bellatin (2013). Sitio web: www.salvadorluis.net.

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