trayéndolo todo de regreso a casa

sinopsis

El fantasma de una niña desaparecida, perdida en una carretera, intenta regresar a casa de sus padres haciendo autoestop. Esta anécdota lateral, narrada como leyenda de terror por uno de los personajes que ocupan estas páginas, parece guardar las claves de la poética del Patricio Pron cuentista: las relaciones paternofiliales como vehículo de búsqueda del origen personal; el permanente cuestionamiento de la creación literaria y de sus desvíos; el regreso a una casa siempre nebulosa y movediza, una patria que es blanco móvil.

Los veintiún relatos que conforman la presente antología recogen una amplia diversidad temática –con obsesiones reconocibles– y dan cuenta de un estilo que bascula entre la ironía corrosiva y la tierna complicidad con personajes rotos por el fracaso, por contextos hostiles y la impronta del pasado: el único retorno verdadero.

 

índice

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Brüder Karamazov

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Mitad del caballo en el parqué

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Incomprensión de la máquina

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Grombrowicz

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La construcción del enemigo

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Otra ciudad

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El relato de la peste

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El perfecto adiós

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La ahogada

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Los huérfanos

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Los peces más grandes

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El cerco

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Tu madre bajo la nevada sin mirar atrás

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Es el realismo

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Exploradores del abismo

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Las ideas

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La cosecha

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Un jodido día perfecto sobre la tierra

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Cinco sueños con escritores argentinos

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Nota

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

partes

páginas

ISBN:978-99954-749-8-0

“Los relatos de Patricio Pron pertenecen a esa tradición sin nombre que se propone referir lo asombroso como algo habitual, y cuyos mayores escritores en nuestra lengua son los uruguayos Felisberto Hernández y Mario Levrero.”

 PABLO DE SANTIS, LA NACIÓN

“Si los cuentos tan extraños como amenazadores de El vuelo magnífico de la noche (…) funcionan, en ocasiones, como miniaturas poderosas, no se debe únicamente a la laboriosa perfección formal que suele alcanzar el escritos, sino a una múltiple vivacidad de metáforas de lo real que superan el simple reflejo.”

 GUILLERMO SACCOMANNO, PÁGINA 12.

“Pron está a la altura del mejor Sebald, del primer Hanke, se tutea con Bernhard y ha superado a la Jelinek (…) No hay mayor placer que saludar a un joven maestro y decirle ‘¡Salve! Ahora nos toca aprender de ti".

 FÉLIX DE AZÚA, EL PAÍS

Patricio pron

(1975)

Es el autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001) y El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), escogido como uno de los mejores libros publicados en España ese año por la revista Quimera, y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las 5 mejores obras publicadas ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011). Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocaciones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato de 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia y Cuba. Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad “Georg-August” de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Patricio

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