trucha panza arriba 

sinopsis

Por la mayoría de los cuentos de Trucha panza arriba deambula Henrik, un hombre bueno al que la desgracia no da tregua. A partir de esa figura entrañable, con el trasfondo de una Guatemala apacible y violenta a la vez, va emergiendo una singular coreografía de lealtades y traiciones, encrucijadas familiares, y distintas formas de la entrega y la crueldad. Va emergiendo también un estilo de una precisión y una belleza que, línea a línea, te dejan sin aliento. Con gracia y discreción, Rodrigo Fuentes ha escrito un libro sutil, luminoso, memorable. Rodrigo Hasbún

índice

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Trucha panza arriba

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Buceo

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De repente, Perla

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Güisqui

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La isla de Ubaldo

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Terraza

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Henrik

Trucha panza arriba

Esto de la familia es complicado, le respondí a Don Henrik. Acababa de preguntarme por Ermiña, que fue mi prima, luego mi enamorada y ahora es mi mujer. Es que es difícil encontrar una mujer como Ermiña en la montaña, le dije, arrea a mis patojas y hace un caldo de gallina para chuparse los dedos, pero aparte sabe cuándo enojarse y cuándo no. ¿Y eso?, preguntó Don Henrik. Pues si no alcanzo a tomar el café en la mañana, sabe que no hay enojo que valga. Todo lo demás vale. Pero sin café, luego de trabajar en la truchera todo el día, ¿cómo es que se va a enojar conmigo? Ya no le conté sobre los mimos de Ermiña en las noches de frío, ni la cara que tenía hace años, cuando la espié lavándose en el río, su cuerpo rechoncho y brillante de jabón. No se había sorprendido al verme salir de entre los matorrales, yo que me iba desnudando a trompicones, y se mantuvo quieta, con mueca burlona, mientras me acercaba trastabillando entre las piedras de la orilla.

Solo hembras tuvimos Ermiña y yo, le dije a Don Henrik, ni un solo varón. Intenté fijarme en mis pies, apretados entre las botas de hule que el mismo Don Henrik me regaló. Primero llegó Tatinca, le conté, luego Ileana, la tercera fue Ilopanga, y a la última le pusimos José, por Maria José. A José tratamos de inculcarle el gusto por el futbol, las otras tres se quedaban en casa con su mamá mientras José y yo salíamos al monte con la pelota. Yo se la pasaba y José me la rebotaba de vuelta, y así nos íbamos entre el monte y la maleza, tiqui taca, toma daca, hasta que uno de mis pases salió alto y José tuvo la bravura de matar el balón con la nariz. Ese fue nuestro último entrenamiento. Desde entonces no se desprende de su mamá, le dije a Don Henrik, pura garrapata el angelito.

Don Henrik chupó del cigarrito —todos los cigarros son cigarritos en sus manotas— y mirando la gran arboleda frente a su terreno me dijo que peores cosas se habían visto. Con eso quedamos tranquilos, o al menos eso entendí que había decidido Don Henrik. Me sirvió más ron en mi vaso de plástico, porque el de vidrio es solo para él, y ahí nos mantuvimos en la terraza de madera que entre Juancho y yo le construimos.

cuentos

páginas

ISBN:978-99974-920-1-2

Rodrigo fuentes

(1984)

Recibió el premio de cuento en los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango (2008) y el Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve (2014). Ha sido coeditor de la revista de arte y literatura Suelta, y de la editorial digital y revista literaria Traviesa. Actualmente es profesor en College of the Holy Cross y vive entre Providence y Guatemala.

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