vacaciones permanentes 

sinopsis

Los personajes de estos cuentos de poderoso impacto emocional transitan por un mundo de verdades inconfesadas y deseos no correspondidos. La confusión, el vértigo y la ternura se mezclan en las experiencias de Analía y sus amigos a lo largo de un periodo turbulento que se inaugura en medio de la euforia adolescente para acabar, inevitablemente, en el desencanto. En “1997”, en una Santa Cruz que sueña con la modernidad y el progreso, Analía se enfrenta al resquebrajado mundo de sus padres, miembros de una clase privilegiada en decadencia. “Banbury Road” muestra a Analía dando sus primeros pasos en el mundo adulto en una Inglaterra gris y fría, luchando con la contradicción que la ha marcado desde siempre: las ganas de partir, la tentación de quedarse. La colegiala rusa de “Tallin” narra cómo es seducida por la promesa de una vida deslumbrante al lado de un contrabandista que le dobla en edad. Vacaciones permanentes capta sin concesiones el fin de una época y una forma de vida. En estos inolvidables relatos de aprendizaje, Liliana Colanzi se revela como una narradora tan audaz como implacable a la hora de dar cuerpo a los impulsos que se agitan en lo más profundo de sus personajes. “Cada vez es más complicado develar el enigma de qué es un buen cuento y cómo debe ser. Una de las posibles y más sabias y acertadas respuestas a semejante misterio son los cuentos de Liliana Colanzi. Cuentos desbordando de luces y de sombras y, sobre todo, de perturbadores claroscuros. Cuentos que son, también, como visitas a un planeta lejano y nuevo pero a la vez conocido y próximo. Y es que las idas y vueltas y las alzas y bajas de la juventud siempre serán cuentos que hay que vivir bien para contarlos aún mejor, con una rara astucia y envidiable madurez, trabajando duro, aunque el libro se llame Vacaciones permanentes”. RODRIGO FRESÁN

índice

^

1997

^

Rezo por vos

^

Retrato de familia

^

Vacaciones permanentes

^

El fin de semana estaré bien

^

Bunbury road

^

Tallin

1997

Ese año sucedieron muchas cosas. McDonald’s abrió el primer restaurante en el país y la gente acampó en la puerta del local desde las dos de la mañana. Una mujer y su hijo de ocho años se convirtieron en los primeros clientes en probar una cheeseburger. Era imposible pasar por la rotonda de El Cristo sin quedar atrapado en un tráfico espantoso: todo el mundo hacía fila para ser atendido en el autoservicio. Andrés y yo llegamos tarde al colegio tres días seguidos pese a las maniobras de Segundo, el chofer, por evitar la congestión.

¿Es buena esa comida, señora?, le preguntó el chofer a mamá a la hora del almuerzo, cuando tuvo que explicarle la razón de los retrasos. A mamá no le importaba mientras no la llamaran los curas de La Salle.

Es una porquería, dijo, pero si ellos han venido significa que por fin llegó la civilización.

Así que teníamos McDonald’s y embotellamientos como cualquier otro país del

13 Vacaciones permanentes

1997

primer mundo. El milenio se aproximaba y las señales de lo que vendría después ya estaban en el aire. El pueblo votó en las presidenciales por el General anciano, y en medio de la fiesta fueron pocos los que se acordaron de los toques de queda, del terror y de los muertos. Un compañero del colegio, del que estaba enamorada en secreto desde niña, hizo del General en una película que la profesora nos obligó a ver y discutir en clase; el General, de adolescente, había sido disciplinado, valiente y respetuoso con sus padres, y había servido a su patria. Los chicos de mi curso iban a la premilitar y empezaban a enseñar musculatura, y era lindo pasarles la mano por las cabezas rapadas.

Adam y yo fuimos los únicos que no tomamos los cursillos de la confirmación. A él lo excusaron porque era canadiense y qué podía esperarse de la gente de esos lados, que no tiene moral ni religión, pero el cura amenazó con aplazarme si no me confirmaba. Soy judía, hermano, le dije por zafar en su oficina, y a mamá esa respuesta le dio tanta risa que se la contaba a todo el mundo, orgullosa de mis ocurrencias.

cuentos

páginas

ISBN:978-99974-994-2-4

“Un libro audaz y conmovedor, de una madurez notable”.

Rodrigo Hasbún

«En los cuentos de Liliana Colanzi abundan secretos y violencia. Son cuentos que tienen los oídos atentos a murmullos, a verdades a medias, a pasados familiares que se quedan agitando cadenas como un fantasma que nunca se va».

María José Navia

«Un libros inteligente, sensible y contenido. Pura escritura lúcida y seca, de una escritora que con justicia se destaca entre las jóvenes voces latinoamericanas»

Federico Falco

Liliana Colanzi

(Santa Cruz, )

Es autora del libro de cuentos Vacaciones permanentes (El Cuervo, 2010) y Nuestro mundo muerto (El Cuervo, 2016), que ha sido traducido al inglés, italiano, francés y holandés. En el 2015 ganó el premio de literatura Aura Estrada (México). Fue seleccionada entre los 39 escritores latinoamericanos más representivos menores de 40 años por el Hay Festival, Bogotá39. Ha colaborado en medios como Letras Libres, Granta, Gatopardo, El País y Orsai. Es editora y profesora de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell, Estados Unidos.

CATÁLOGO 

COLECCIÓN ENSAYO

NOVEDAD

TRES CITAS IMPUNTUALES: TIEMPO, POESÍA Y FALTA

RECIBE NOTICIAS CUERVAS