Vértigos

sinopsis

¿Qué tiene de especial la literatura fantástica en Bolivia, donde a veces la realidad es tan asombrosa como  la ficción más delirante? El género fantástico sirvió de catalizador para que la literatura boliviana recuperara su autonomía –secuestrada por el realismo social hasta hace 50 años- y permitió extender nuestros horizontes narrativos. Lo fantástico suscita extrañeza ante los misterios de los seres y las cosas que nos rodean. Antes que una forma de evasión es un gesto político que cuestiona nuestra representación mental de la realidad. Vértigos propone una muestra generosa sobre el estado actual del género en el país: seres improbables, dobles, réplicas monstruosas, transgresiones de las leyes físicas, críticas a la percepción normalizada, permeabilidad de las fronteras entre el sueño y la vigilia, lo humano y lo animal. Una selección de cuentos que nos devuelve el vértigo de la ficción y nos recuerda que el verdadero misterio del mundo no es lo invisible, sino lo visible.

índice

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I. Identidades

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II. Percepciones

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III. Apariciones y sueños

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IV. Seres y poderes

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V. Bestiario

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VI. Metamorfosis

Niño

Este niño no es mío, pero no me quiere soltar. Es un peso que jala hacia abajo y hacia afuera de mí, que no me deja avanzar. No lo conozco. No me dice nada, pero tampoco se va. Muchas veces le pregunté ¿cómo te llamas? sin respuesta. Otras veces intenté soltar sus dedos, abrir aquella mano, pero no pude. Él aprieta más.

Ya no soy el mismo. Un niño que no es mío está aferrado a mi camisa. Ahora lo más simple se me dificulta: pasar entre los puestos, acomodar las mantas para dormir en la noche, entrar al baño; debo tomar previsiones para hacer con esfuerzo lo que antes hacía sin pensar.

Por entre las verduleras diviso una doña cargada de sus compras. Debe tener unos sesenta años y tiene la cara colorada del calor. Carga tres bolsas grandes, que del peso van a romperse en cualquier momento. Quiero ofrecerme: yo se lo cargo, dónde agarra el micro, doñita. Quiero tomar sus bolsas, caminar detrás de ella hasta su parada. Apuro el paso sin pensar en el niño, pero su peso me refrena, crece, tira de mi camisa hacia atrás. Ya no quiere caminar. La señora, en cambio, avanza sin verme, los agarradores de plástico hundiéndose en la carne de sus dedos, bamboleándose entre los puestos, pensando ¡qué pesadas las papas! ¡qué pesado el zapallo! Ya tiene todo lo que necesita y avanza por el pasillo del frente, junto al almacén. Debo cruzar y llegar hasta ella, que se aleja de a poco con sus pasos pesados, los brazos adoloridos. Podría alcanzarla, tal vez me da una buena propina, yo sé ser educado. Pero debo jalar esto que exige que vaya lento, que me jala hacia atrás.

Ahí vamos, ven, apúrate. Está cansado. Mi camisa tensa contra el torso, tirante cada uno y todos los hilos, deseando la tela rasgarse y ondear, suelta al aire. No hay forma. Quiero recuperar mi camisa, sacudo esa mano que la sujeta con tanta insistencia. ¡Suelta!, le digo, ¡suelta de una vez!, nada. Logro adelantarme un poco. Entre la gente, busco a la doña. Por allá estaba, por el almacén, pero ya no la veo. Miro más lejos, ahora sí, no, ya ni idea, ya va saliendo del mercado, ya cae el sol de la calle sobre su espalda encorvada. Pierdo entonces las monedas que esa doña iba a dejar en el centro de mi mano. Estoy atrapado, pienso.

Otras veces es al revés. Cuando me detengo, este peso no me jala hacia atrás, sino que me lleva hacia abajo, jalando mis hombros hacia la tierra, hacia el pavimento que arde bajo mis pies. Una vez más, el cuello de tela, deforme como un pez de labios destrozados, y él sentado en cualquier parte, mudo y desconocido.

Voy a la policía a poner la denuncia. En el mercado no hay estación, debo ir hasta la intendencia. Camino todas esas calles con él detrás mío, retrasando mi andar. Ve algo que le llama la atención y se detiene. Lo jalo. Afinca las piernas tiesas al piso y lo vuelvo a jalar, esta vez con torpeza. Lo insulto bajito, para que la gente no piense mal de mí. Avanza pero igual no se apura. Debiera enseñarle a andar ligero. Pronto se cansa y retrasa aún más el paso.

 

capítulos

páginas

ISBN:978-99954-864-3-3

Wilmer urrelo zárate

(La Paz, 1975)

Es autor de Mundo negro (2000; Premio Nacional de Primera Novela de editorial Nuevo Milenio, traducida en 2008 al italiano por Edizione Estemporanee). Obtuvo el IX Premio Nacional de Novela de Bolivia con Fantasmas asesinos (Alfaguara, 2006; editorial 3600, 2016). En 2011 publicó Hablar con los perros (Alfaguara), con el que recibió el Premio de Literatura Anna Seghers 2012, concedido por la fundación Anna Seghers de Berlín, Alemania. Con editorial El Cuervo publicó el libro de relatos Todo el mundo cumple sus sueños me nos yo (2015) y en 2017 las crónicas El Chicuelo dice.

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