Libro

HUMO

Autor

GABRIELA ALEMÁN

Sinopsis

Diecisiete años después de haberse marchado, Gabriela regresa a Paraguay a recibir un sobre que su amigo Andrei le ha dejado. Al abrirlo, estallan los recuerdos de una tierra donde “todo ha sido restregado por ácido y se encuentra abierto”: se encuentra con la guerra del Chaco, con el comienzo y el final de la dictadura de Stroessner, con los caminos de los científicos Ladislao Biró y Palamazczuk, con un presente marcado por fuego… En el centro de la novela una casa se derrumba, en una ciudad tomada por espectros y en la que los límites entre el ayer y el hoy han dejado de existir.

Autor
GABRIELA ALEMÁN
Edición
Primera
ISBN
978-99974-994-5-5
Publicación
© Editorial El Cuervo, 2018

Índice

  • I-XIII

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Bs. 80

I.

Mientras la mujer espera frente a la casa, mira las largas y delgadas hojas que sobresalen del cerramiento. Son lo único que le hace frente al viento que sube como una marea, se atropella por las grietas de la fachada, lame la vereda y se prende de las ramas desvestidas que aún resisten en la acera. Los tres árboles que se alzan junto a la reja parecen esqueletos torturados. No hay nadie en la calle, está tan vacía que parece que solo ella burlara un toque de queda. Apenas está el cielo, colgando como la panza de una burra. Ha visto una en el campo cuando era niña y se peleaba por su ubre junto a su cría. Sabe que es de ese exacto color, aunque nunca antes lo había visto impreso sobre el cielo de Asunción. La mujer no está preparada para el clima, apenas lleva una blusa de seda y pantalones de lino. Solo una melena corta, que no luce desde hace veinte años, la protege del viento. Se apoya sobre un bastón que sostiene en su mano derecha, a sus pies hay una maleta. Lleva varios minutos tocando el timbre junto a la puerta. Intenta divisar alguna silueta tras las ventanas pero salvo las cortinas nada se mueve. Mientras sigue al acecho de las sombras, una vendedora de chipas se le acerca. Algo la debe alertar —los brazos rojos, un fino hilo de sangre que baja hacia su labio, su postura encorvada— porque le dice que suba las gradas y que toque la puerta principal. La manija de la reja está rota. Antes de que pueda reaccionar (la vendedora la mira como si fuera la imitación de algo) la mujer aplaude, no una, sino varias veces; son golpes secos, con unas manos enormes. Aunque acusa el golpe, solo le llega la remembranza del golpe. Lo que en realidad la zarandea es el recuerdo. Nunca más había escuchado esos aplausos operando de timbre improvisado, en ninguna otra parte del mundo. Queda tan sacudida que no tiene la presencia para agradecerle antes de que la mujer se aleje. Abre la puerta, deja su maleta a un costado y sube las gradas. Ve que la hiedra aún cubre los muros, las dos enormes palmeras siguen presidiendo el jardín y una variedad de yuyos rastreros todavía se desperdiga por el suelo de los alrededores. Es un desorden que imprime su recuerdo. Nada ocurre, salvo que esta vez puede golpear la puerta. El tiempo pasa, una mancha de sudor avanza por su pecho, su pierna se acalambra y se sienta en las gradas. Ni siquiera intenta ver si alguna ventana está abierta. Mientras duda si ha comunicado bien la fecha de su llegada, apoya la espalda contra una columna y recuerda la puerta que da a la cocina. Se levanta aparatosamente —con un escalofrío—, el sudor se imprime junto al frío sobre su pecho, arrastra su pierna mala hasta enderezarla y baja. Toma la maleta, no la carga sino que tira de ella a través de la maleza húmeda. Sube los escalones, mueve el manubrio; está cerrada. Se pasa la mano por el rostro y, al retirarla, la descubre salpicada de sangre. No tiene con qué limpiarse y tampoco le importa. Aun así, alza la cabeza para evitar que las gotas que salen de su nariz caigan al piso pero, antes, sus ojos se detienen sobre sus bastas pegoteadas de fango y recuerda que Andrei guardaba una copia bajo el rodapié. La descubre pegada a un moho espeso y oscuro. Saca una lima de su cartera, limpia los canales y la inserta en el cerrojo. Calza; forzándola, gira.

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Datos extras

GABRIELA ALEMÁN

De nacionalidad ecuatoriana, nació en Rio de Janeiro. Es autora, entre otros, de los libros  Fuga Permanente (2001), Body Time (2003), Poso Wells (2007, traducido al inglés por City Lights, 2018), Álbum de familia (2012) y La muerte silba un blues (2014). Integra diversas antologías de cuentos, entre ellas, Les bonnes nouvelles de l’Amérique latine (Editions Gallimard, Paris, 2010). En el 2006 recibió una beca Guggenheim, en el 2007 fue seleccionada para formar parte del grupo Bogotá39; en el 2014 ganó el Primer Premio de Crónica CIESPAL. Tiene un PhD por la Universidad de Tulane en Nueva Orleans. Es una de las fundadoras de la Editorial El Fakir.

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