De entre las disciplinas auxiliares de la historia, es perfectamente posible contar e incluir a la filatelia. El sentido que ha adquirido lo que popularmente se asume tan sólo como una afición, es sin duda muy significativo porque tiene que ver con el seguimiento de una actividad que tiene características especiales.
Se trata de la administración estatal de un servicio público, el correo, que imprime sellos postales con un valor determinado para que se pague el “flete” o transporte de la correspondencia en general. De manera peculiar y única esos títulos valor se han convertido, en la inmensa mayoría de los países del mundo, en una forma de difundir aspectos relevantes de su cultura, geografía, historia, política, economía y sociedad, en el más amplio sentido de la palabra y de la forma visual más variada, a partir de sellos con temas específicos, series, o secuencias temáticas que abarcan las citadas cuestiones desde lo general a lo particular.
De ese modo, a través del seguimiento cronológico de cualquier filatelia nacional, constatar no sólo las prioridades de difusión de temas o personajes, sino también los referentes ideológicos y simbólicos de esa sociedad en un determinado momento del tiempo, en el periodo que abarca desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días[1].
Desde esa dimensión y desde la perspectiva de la historia y de la especialidad filatélica, presento este trabajo de análisis de la iconografía presidencial boliviana, un tema que, hasta donde sé, no ha sido tocado; el de los sellos dedicados a los presidentes del país.
Mi enfoque tiene que ver básicamente con un par de ángulos interesantes, el primero, es el reflejo de la creación de un “canon” presidencial determinado en función de épocas y dominantes ideológicos. El segundo, es el análisis de series o emisiones individuales con imágenes de presidentes que pueden -o no- reflejar el culto a la personalidad, retratando a su vez un objetivo específico de algunos momentos políticos de nuestra historia.




